La leyenda de Čertovka en Malá Strana

Había una vez, en los estrechos callejones de Malá Strana en Praga, vivía una mujer avara y egoísta llamada Dorota. Era conocida por su frialdad e indiferencia hacia los demás. A pesar de su gran riqueza, nunca compartió con los pobres ni con los necesitados. Su corazón era tan duro como la piedra, y nadie en toda Praga la quería.

Un día, un extraño apareció en su casa junto al arroyo. Tenía un aspecto muy peculiar, con una capa larga, un sombrero negro y unos ojos que brillaban con una luz extraña y oscura. Era el diablo disfrazado. Sabía cómo era Dorota y decidió castigarla por su avaricia.

Llamó a su puerta, y cuando ella abrió, dijo: «Buenos días, señora Dorota. He oído que tiene una gran riqueza. Soy un comerciante de tierras lejanas y me gustaría hacer un trato con usted. Le proporcionaré aún más riquezas de las que tiene ahora, pero debe prometerme algo a cambio».

Dorota, consumida por su deseo de obtener aún más riquezas, preguntó: «¿Y qué debo darle?»

El diablo sonrió y dijo: «Solo tu alma.»

Dorota, a pesar de sentir un extraño escalofrío, dudó por un momento, pero luego aceptó. El diablo sacó un pergamino, y Dorota presionó su huella digital en él, sellando el trato. El diablo desapareció, y Dorota se rió, creyendo que había engañado al diablo.

Pero pronto se dio cuenta de que la riqueza que había obtenido no la hacía feliz. Su hogar se volvió frío y oscuro, y aunque tenía más dinero que nunca, sentía un vacío interior que nada podía llenar. Cada noche oía ruidos extraños, como pasos en las escaleras, y sentía un aliento frío en su cuello.

Una noche, mientras una tormenta azotaba Praga, escuchó un fuerte golpe en su puerta. Cuando la abrió, allí estaba el diablo, ahora en su verdadera forma, con cuernos, una larga cola y ojos como brasas. «Es hora de pagar tu deuda», dijo, agarrándola firmemente de la mano.

Dorota trató de huir, pero el diablo la arrastró hacia el río. Con cada paso, su cuerpo parecía volverse más y más pesado, hasta que finalmente cayó de rodillas justo en la orilla. El diablo la empujó al suelo y dijo: «Estarás atada a este lugar para siempre, como una advertencia para todos los que son codiciosos y sin corazón.»

Con estas palabras, la arrojó al agua, que la tragó. En el lugar donde desapareció, apareció un pequeño arroyo, que desde entonces se llama Čertovka. Se dice que incluso hoy, si alguien mira sus aguas oscuras por la noche, puede ver el rostro de Dorota, pidiendo ayuda desesperadamente. Y cuando hay silencio, se oye un susurro que advierte a los transeúntes contra el deseo de riquezas vanas y poder.

Desde entonces, la gente de Malá Strana evita las orillas de Čertovka en las noches oscuras. Creen que el espíritu de Dorota aún vigila el arroyo, esperando que otra alma codiciosa caiga en la trampa del diablo y comparta su destino.